martes, 2 de febrero de 2010

El complejo mundo de las relaciones humanas § The complex world of the human relations

A mi parecer, no hay algo más interesante y tan complejo que el estudio del entramado social. Hay tantos enfoques posibles como mentes humanas existan; pueden buscarse el porqué de un rompimiento de una pareja, cómo educar a un hijo, cuántos tipos de familia existen, las causas de la violencia social, estudiar los movimientos como el feminismo, la lucha de clases o la liberación sexual, por citar unos cuantos ejemplos.

El dar respuesta a lo arriba mencionado no es algo que me competa pero sí es como un gusanillo intelectual que me mantiene sin calma. Y es que diversas experiencias me han hecho pasar horas intentando explicármelas, una de ellas es el nacimiento de una amistad: ¿En qué día exactamente Fulan@ y yo empezamos a ser amigos o es que se fue dando poco a poco?, ¿Qué es lo que tienen en común personas tan diferentes que las hagan sentirse tan parecidas? Un sociólogo o un psicológo podrían darme varias respuestas razonables mas prefiero dar yo mismo con la respuesta, es algo un tanto divertido y revelador. Los amigos muchas veces se convierten en un espejo de nuestro Yo interior y viceversa.

Otra situación que me provoca desde la inquietud hasta el coraje es la de “las mujeres que aman demasiado” (según dice uno que otro), aquellas féminas que a pesar de que su novio, esposo o quien esté a su lado las pisotee, insulte y abandone nunca dejan de sentir eso que llaman “amor”. Tal vez esta situación corresponda más a la Psiquiatría o Psicopatología. Lo más sorprendente de esto es que son mujeres que en otras facetas de su vida se muestran sumamente inteligentes e intuitivas, aparte de ser muy hermosas como en los casos que he visto. ¿Dónde está ese tornillo flojo?

Con excepciones, algo común que he observado es la necesidad de la expresión. Desde el bebé que llora para dar a conocer su hambre o su sueño, hasta los cuadros abstractos de Kandinski y Málevich, pasando por las bardas con grafiti, las canciones, los poemas, los mensajes de texto y las notas como ésta. ¿Qué es lo que nos lleva a expresarnos?, ¿Hay algún gen que nos obligue a decir qué pasa en nuestra mente? Hay quienes viven de la expresión, hay quienes son obligados a expresarse, hemos otros con necesidad de decir lo que pensamos o sentimos y hay quienes tienen un desbordado gusto por el intercambio de expresiones. Hablamos no sólo con la boca, también con miradas, roces, suspiros, con el incesante movimiento de las extremidades, con nuestra postura y hasta en nuestros sueños hablamos. Quizá aquí radica el origen a muchos problemas en cualquier relación, los problemas de comunicación, la forma en que cada cual interpreta las palabras, el tono de voz, si se mira de frente o de rabadilla, si hay titubeos, si hay prejuicios al momento de escuchar y así un largo etcétera. Es mejor aclarar las dudas en su momento y no reclamar después cuando no viene al caso.

El porqué termina una relación, ya sea de amistad o de amor, es otra semilla para muchas cuestiones más. Quizá los intereses hayan cambiado, hubo algún malentendido, una traición, una tercera persona de por medio, “se acabó la pasión” o qué se yo. Lo cierto es que a lo largo de la vida uno va topándose con personas distintas, con unas se forman relaciones de largo tiempo, con otras hay vínculos creados por un interés específico y pueden ser de temporalidad variable, hay otras relaciones diré intermitentes y puede haber triángulos o polígonos de relaciones donde la complejidad es mayor. ¿Recuerdan que siendo niños era más fácil entablar plática con otro niño aunque éste fuera totalmente desconocido?, ¿que en la infancia podíamos hacernos de una amistad simplemente tras haber compartido un yo-yo o un dulce?

Cada vez conozco más personas que prefieren mil horas de chat o plática por el teléfono celular que verse con su interlocutor que vive a diez o quince minutos de distancia.

Por lo pronto, dejaré en paz mi cerebro con tantas interrogaciones y saldré a tomar café con unos amigos. ¡Hasta luego!

Anthology P. 19 § Antología P. 19

Angustia

La esclerosis del miedo me asfixia,
irrumpe en las noches mis sueños
y se aparece ante mí en las mañanas.

Es la angustia de mis razones
que nació al imaginarme un "no",
tan posible como el "sí" que tanto anhelo.

Comienzo con el pie izquierdo,
abrumando mis latidos,
ennegreciendo mis suspiros.

Aún respiro al menos
y me queda espacio en el cerebro
para pensar en algo distinto.

Pero a fin de todo hago lo mismo:
"¿Lo confesaré?", me preguntno.
Me cuestiono los peligros
de querer ser más que tu amigo,
de buscar un momento oportuno.

Si yo fuera más seguro,
valor hubiera de sobra
y para mí un "no" tuyo
no causaría zozobra.

Me inquietan tus sonrisas,
me hacen creer mil cosas.
Han habido miradas tuyas
aún más misteriosas.

Soy cobarde, lo acepto.
A veces animado me siento
lo suficiente para declararte
lo mucho que podría amarte.

Sólo una pregunta me bastaría
para saber si me amarías,
o quizá no responderías
a ésta ni a otra palabra mía.

Me aterra un factible silencio,
me angustiaría tu desprecio
y aún más una burla,
peores que una respuesta iracunda.

Si supiera más de tu vida,
si leer tu mente pudiera
o si tú el primer paso dieras,
¡Si un "Me gustas" dijeras!

2004-05-22

lunes, 1 de febrero de 2010

Ser médico y no morir en el intento

Sinceramente, nunca pensé en ser médico "Para ayudar a la gente", "Para salvar vidas" o ideas semejantes (las cuales respeto profundamente), en realidad fueron muchas causas menores que en su conjunto me llevaron a elegir esta carrera de vida: estudiar Medicina era como un reto para mí y siempre me han gustado los retos que me he impuesto, la veía así por el afamado examen de admisión, por las anécdotas de ser un estudio sin fin, una licenciatura de grandes sacrificios, una exposición constante a aquellas cosas que no todos soportan (fluidos, olores, pudor, muerte, dolor, por mencionar algunas); quise estudiar Medicina porque necesitaba tener mi agenda repleta, por una parte debido a que desde el quinto semestre del bachillerato me volví un tanto hiperactivo y, por otra, la veía como un escape a embrollos de la adolescencia; también estaba el aspecto económico, no lo niego, está demás decir que aún el gremio de la bata blanca goza de cierto prestigio en ese ámbito aunque, ahora que lo pienso, no creo que económicamente sea una buena fórmula si tomamos en cuenta todo lo invertido material e inmaterial aunque sí he obtenido otras "cosechas" en diferentes ámbitos mucho más satisfactorias que el dinero. Una más de las razones era mi gran curiosidad al respecto del funcionamiento del cuerpo y transformar ese saber en una herramienta. Hoy sé que es realmente poco lo que he aprendido y todos los días me formulo más preguntas sobre ese engranaje corporal.

Hubo muchas razones más, con menor impacto cada una pero sumadas me convencieron de elegir ser médico. No ha sido fácil pero tampoco ha sido tan difícil como parece, "si enfocas un objetivo en tu mente y no desistes en alcanzarlo seguro lo lograrás''. Hay ocasiones en las que no he obtenido el 100% de lo que planeé originalmente mas si hubiera querido alcanzar algo menos importante tal vez lo logrado hubiera sido todavía menor.

¿Qué he sacrificado?, como seguramente cualquier otro colega algo de lo más valioso que he dado a cambio han sido mi familia, mis amigos y siete años de juventud. Tal vez suene dramático y no intento serlo, fue lo que pasó y pienso que no había otra manera. Se necesita darlo todo y aún así no es suficiente. "Luego vendrán las recompensas" me decían y ya las comienzo a ver: logro contribuir en lo posible para la mejoría o el mantenimiento de la salud de quienes me rodean; he sido el primero en cargar en brazos a los pequeñitos que espero mañana sean los gigantes que el mundo necesita; he dado un poco de paz en los últimos minutos de varias personas, cuando nadie más estuvo a su lado; he quitado el dolor cuando ha sido lo único humanamente ofrecible a esos enfermos; he tenido el lujo de decir "No se preocupe, no me debe nada" cuando me extienden su mano ofreciendo los tres o cuatro pesos que de un viejo y estropeado bolsillo han sacado al no tener más.

La carrera de Medicina no se acaba al terminar la escuela o el internado o el servicio social, realmente allí comienza. Esperan quizá una especialidad, una maestría, cursos, diplomados, seminarios y lo que se crea conveniente. Ser médico implica renovarse a diario, superar constantemente lo logrado, evitar los errores, reconocerlos y corregirlos cuando se hayan cometido. Ser médico también conlleva ser más humano, atender a todos por igual sin prejuzgar, NUNCA ver a otros por encima del hombro por la razón que sea. Ser médico le da forma al carácter y eso lo he visto aún cuando lo que hago en mi vida diaria no es siempre el ejercicio de la Medicina.

En el Internado valoré el sueño, el descanso, más que nunca la comida y la buena compañía, le tomé gusto al café incluso en los días más intensos del verano. Supe que puedo realizar mil tareas con un solo alimento, diez minutos de reposo y sin alguien que me asista en casa.

En las aulas de la Facultad me acostumbré a los nombres raros de enfermedades, autores, leyes o principios; me familiaricé con el olor del anfiteatro, de la morgue, de los perros para disección y hasta de mis compañeros desvelados y sin bañar que llegaban al examen a las siete de la mañana (uno ignora su propio aroma); no iba al gimnasio pero llevaba a cuestas libros de peso pesado a cualquier lugar, hasta en mis vacaciones quería llevarlos, afortunadamente desistí en ello. Conocí muchos secretos de amigos y no tan amigos, así como hoy los pacientes me confiesan sus aventuras y piden un remedio a sus consecuencias. Encontré en mis compañeros a mis verdaderos amigos, así como también supe quienes nunca lo fueron. Me enfrenté a mis propios miedos y limitaciones. Logré vencer el mayor obstáculo: mi Ego, ese yo que me empuja con fuerza a la victoria pero también me llevó al precipicio en una ocasión.

Hoy estoy por subir un escalón más en esta escalera ascendente y sin fin, tratando de evitar las mismas equivocaciones, esperando lograr superar mis metas y encontrar más amigos de los que ya tengo. No defraudaré mis convicciones, de eso estoy seguro.