1. El inexorable paso del tiempo.
Veinticinco años, un cuarto de siglo, cinco lustros o como quieran llamarle, a fin de cuentas es lo mismo. Para muchos se dice fácil y, en parte, tienen razón: hubo años que se fueron a paso veloz, terminándolos con una frase común !Ah caray, ya se nos fue el año! o algo por el estilo. Han habido otros años muy interesantes, con periodos rápidos y periodos lentos. Por último, siguiendo esta clasificación arbitraria, he tenido años sinceramente largos. Esta apreciación en la longitud del tiempo tiene su base en el estado de ánimo que tuve al vivirlos y también del humor con el cual los recuerdo.
La etapa más dura para alguien puede ser la más constructiva de todas las etapas. El paso del tiempo puede dejarnos un cúmulo rico en enseñanzas, experiencia. De nosotros depende si aprendemos algo o no, si supimos (o quisimos) sacar algo positivo de ello. Recuerdo aquella frase Una persona vieja no es necesariamente una persona con experiencia. Lo mismo podría decirse a la inversa: Una persona joven no es necesariamente una persona inexperta (o inmadura).
He aprendido que todos los días hay al menos una oportunidad de aprender algo nuevo. He aprendido que no siempre tendré todas las respuestas. He aprendido que hay ocasiones en las que el silencio es mejor que mil palabras. El tiempo me ha enseñado que las personas que más he amado tarde o temprano me harán sufrir y que yo también, sin proponérmelo, terminaré haciéndolo. Los años me han dicho que nunca espere demasiado de alguien porque quizá no sea lo que yo haya creído; que hasta mis mejores amigos habrán de decepcionarme.
He aprendido que para muchas personas soy alguien importante y termino siendo el último en saber de ello. He aprendido que si no quiero herir a los demás he de pensar por lo menos dos veces algo antes de decirlo. He aprendido que es bueno que no se cumpla todo lo que deseo. La vida me ha enseñado que quizá cada suceso tenga una razón de ser.
Me he dado cuenta que uno envejece primero por dentro. Que uno ya está derrotado si no lo intenta. Que a veces lo que parece imposible sólo lo es en nuestra mente. Que una vida sin sueños e ilusiones no debería llamarse así.
He aprendido muchas cosas pero no las suficientes. Tras 25 años, doy gracias a todos y a cada uno de quienes han sido parte de mí, de mi vida. En especial a mis padres, a mis hermanos de sangre y a mis hermanos del alma, aquella familia que yo elegí. También a quienes compartieron un periodo conmigo, haya sido largo o corto o muy breve, de cada uno disfruté lo que pude y dí lo que en ese tiempo fui capaz de dar. Como diría un amigo Lo que otorgo no lo quito pero lo dejo de dar.
GRACIAS.
Continuará.

